Durante tres días, la boda de Niloo & Kevin se desplegó como una celebración que fue mucho más que un evento: fue un encuentro entre culturas, rituales y paisajes.
El centro de todo fue una ceremonia Aghd, íntima y profundamente simbólica, que honró las raíces iraníes de ella y la herencia libanesa–francesa de él. Un momento cargado de significado, donde cada gesto y cada elemento contaban una historia de unión y tradición.
En Punta Mita, la producción se concibió como un diálogo constante con la naturaleza. Toques mexicanos y tropicales aparecieron de forma sutil y orgánica, permitiendo que el entorno hablara por sí solo.
El mar, siempre presente, se convirtió en el telón de fondo, marcando el ritmo de las celebraciones y envolviendo cada instante.
Una experiencia donde el lujo fue silencioso, cultural y profundamente conectado al lugar.
Una boda pensada para sentirse, no solo para verse.



%2012.42.05.png)